
Nocturno IV
Un vaho, una borrasca; angustias y desafíos
Y desfilar por los ríos de una vida en las sombras.
Nieves que se deshielan, nubarrones enfurecidos
Desiertos de cal y arena, hacen llover al vacío
Pides una tregua a la lucha, y ella displicente
Te entrega a la amargura; ahínco en la tortura.
Hay de techo una lluvia, un volcán que eructa olvido
Y un amor que se destiñe, a los compas de los caminos
Huida, fuga; trasponer de murallones
Aljibe en los frailejones, farallón de los perdidos;
Distancia del yo te olvido, querencia de un ayer
Lejos un amanecer, se dilata y se pierde
Finalmente en un decir salta la certidumbre
Y se enciende así la lumbre, alumbrado el atardecer;
Y lánguido es ya el padecer, en los ribetes del alma
Porque ha despuntado el alba, al decidir el volver
Theo Corona


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